Más deuda, como si no hubiera un mañana

Hay secretos y problemas en la gestión municipal de Algeciras que terminarán siendo revelados, tarde o temprano. La deuda es uno de los mayores. La transparencia, que debería ser santo y seña de la gestión pública, no existe para el PP en nuestra ciudad cuando los datos que se piden o afloran cuestionan o directamente rompen ese mundo feliz, ficticio en muchas de sus afirmaciones y perecedero que ha creado quien ocupa la alcaldía.
Así ocurre con la cifra de la deuda municipal, que no se nos da a la oposición con la exactitud que sería deseable. Supera los 240 millones de euros, con toda seguridad, pero no hay un único documento en el que se detalle.

Esta es una losa cuya cuantía se ha disparado en los últimos diez años que impide la adecuada financiación de servicios públicos, la inversión productiva propia y el mantenimiento de las infraestructuras locales. Es un problema hoy y una hipoteca para mañana. El actual alcalde dice que la culpa no es suya, que es de los socialistas. Vaya, lo dice quien lleva nada menos que diez años en la alcaldía, en su segunda época de gobierno, y cuyo partido ha gestionado la delegación municipal de Hacienda más de la mitad de los cuarenta y dos años que sumamos de nuevos ayuntamientos democráticos.

Lo que está salvando por el momento a las cuentas municipales de la quiebra son las aportaciones de otras administraciones públicas. Este dinero financia servicios e inversiones, y facilita que los ingresos corrientes se destinen a gasto corriente.

Esta semana que comienza, además, acordaremos un crédito extraordinario de trece millones y medio de euros con cargo al remanente de tesorería, gracias a la supresión de la regla de gasto para este ejercicio que decidió el gobierno de Pedro Sánchez.

Sin embargo, y pese a toda la ayuda facilitada, la deuda comercial municipal no desaparece, y supera los doce millones de euros. Tampoco nuestro ayuntamiento termina de entrar entre los buenos pagadores.

Lo que tenemos es un problema de gestores políticos en el gobierno local, añadido a la ausencia de un proyecto de ciudad. Llega dinero, sí, y pueden arreglarse algunas calles, reponerse luces, pueden asfaltarse vías, arreglarse aceras, anunciarse y volverse a anunciar grandes obras pero cuando no existe un modelo tampoco existe una planificación de actuaciones, un porqué, para qué, cuándo y dónde.

Es necesario invertir para generar oportunidades de empleo directo y de actividad económica, que también se traduce en puestos de trabajo indirectos, atender y facilitar derechos, asegurar e incrementar la calidad de los servicios, promover la distribución equitativa de la riqueza, no seguir generando desigualdades entre zonas de una misma ciudad. Esto no está ocurriendo.

El ayuntamiento ha perdido plantilla en estos años, pero no se ha invertido en medios informáticos para suplir la falta de recursos humanos en la atención ciudadana. Tampoco se ha planificado la cobertura de puestos de primera necesidad, como es la Policía Local.
Lo escrito es una crítica, sí; constructiva, también. Así, que no pasen otros diez años.

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